A propósito de la Felicidad

Hoy, 20 de Marzo, es el Día Internacional de la Felicidad.

Cuando me he enterado primero, he felicitado a la gente por las redes sociales, de donde he recibido 0 respuestas y 1 favorito (gracias Pau), lo que me ha hecho pensar que a la gente le da exactamente igual que hoy sea el día de la felicidad o el de cualquier otra cosa, lo cual comparto. Y segundo, me han surgido muchas dudas acerca de por qué se ha creado un día especial para recordar la felicidad, asi que, como no podía ser de otra manera, lo he investigado.

Pues bien, éstos han sido mis hallazgos.

Resulta que la Asamblea General de la ONU proclamó hace 2 años el 20 de marzo como el Día Internacional de la Felicidad. Esta celebración pretende recordar cada año que la búsqueda de la felicidad es un objetivo humano fundamental y una aspiración universal.

Dicen, en la página web del Día Internacional de la Felicidad (sí, hasta tienen página web), que se hacen muchas actividades a nivel mundial. Yo he mirado la página y sólo en algunos países se hace alguna charla o taller, no es pa´ tanto. Y no, aquí en España no se hace nada, somos así.

No sabemos por qué la ONU dedica su tiempo a declarar un día especial para celebrar la felicidad, lo cual me parece muy bien, pero permítanme que se me ocurra pensar que tan buena obra no sea para intentar esconder algunos de los escándalos y trapos sucios de dicha organización, que los hay.

Como no es mi intención juzgar a la ONU, ni su forma de trabajo, tan sólo voy a dar paso a un par de consejos que nos pueden venir bien para tener un ratito de felicidad cada día. Y lo mejor, ¡no es necesario que sea 20 de marzo para usarlo!

  • Si algo nos preocupa, reflexionemos sobre ello.

Cuando veamos que algo nos sobrepasa podemos hacernos las siguientes preguntas: ¿en qué medida ésto es importante para mí? ¿de verdad lo necesito? ¿podría vivir sin ello? La idea es cuestionarse. También buscar soluciones alternativas puede ser una buena idea y podemos ir anotando paso a paso cómo llevar a cabo la solución que hemos pensado, estableciendo así pequeños objetivos alcanzables a corto plazo.

  • Si estamos tensos y notamos ansiedad, relajémonos.

Hoy en día existen multitud de vídeos en Internet que nos guían y ayudan a relajarnos. Ya verás como en 5 ó 10 minutos nos notamos más tranquilos.

  • Dale importancia a las cosas aparentemente carentes de importancia

Este es el típico tópico, es verdad. Pero hasta mis pacientes lo dicen en nuestras charlas de los martes. Algunos de ellos son totalmente dependientes y nos dicen, tanto a nosotros como a otros pacientes, que deberíamos valorar hasta el poder abrir una puerta. Y es así.

Tan sólo 3 consejos. Pueden parecer pocos, pero lo importante no es la cantidad sino la calidad. ¡Ponlos en práctica a partir de hoy!

“La herida” y el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) o Borderline

La semana pasada acudí al Cine Club de mi barrio. Está a tan solo 50 metros de mi casa y era la primera vez que iba. No tengo vergüenza, desde luego. Autocríticas aparte, la experiencia me encantó. Ir al cine a cuatro pasos de dónde vives es todo un gustazo. Además te encuentras con gente del barrio, incluidos los profesores de cuando ibas al instituto, y eso mola. La peli que vi -y encima muy bien acompañada- fue La Herida, dirigida por Fernando Franco y protagonizada por Marian Álvarez. Esta película recibió el Premio Especial del Jurado y la Concha de Plata a la Mejor Actriz en el Festival de S. Sebastián en 2013 y tiene 6 Nominaciones a los Premios Goya, incluyendo mejor película. Ahí es na´.

Hubo un par de cosas que hicieron que aquel día me acercase al cine: la primera, que ya había oído hablar de ella por un paciente que la había mencionado en alguna de nuestras largas charlas y la segunda, que una amiga, muy adicta al cine español, quería ir a verla. Hablando, hablando, surgió el tema y sencillamente, fuimos. Ya en el cine, y antes de empezar la película apareció un señor muy simpático (no sé quién es, ni cómo se llama) explicando la trayectoria cinematográfica tanto de Fernando como de Marián, así como de qué trata el TLP. Se notó que era un gran cinéfilo y que se había estudiado muy bien las características de este trastorno. Me gustó, porque creo que su explicación hizo entender mejor la película.

A raíz de esa tarde supe cuál iba a ser mi próxima tarea: escribir una entrada sobre el TLP para cerebroypsicología.

Algunos autores hacen referencia a las personas con estilo límite de la personalidad como “fuego y hielo”, ya que son personas que viven el día a día con mucha intensidad y pueden pasar del amor al odio en un minuto. Vulgarmente se le conoce como el tipo inestable. Cualquier cosa que vean, piensen u oigan puede desencadenar una reacción explosiva, por trivial que parezca. Más tarde, cuando recuerdan lo que ha pasado y cómo reaccionaron se sienten mal y se arrepienten; lo que no quiere decir que esta reacción se corrija, todo lo contrario. Volverá a ocurrir, porque es algo que se les escapa de su propio control. Además, necesitan de emociones para sentirse vivos: necesitan sentirse enamorados, sentir la vida, el sol,… Suelen ser desinhibidos y alegres cuando están en un estado emocional positivo. Suelen demostrar lo que sienten y hacen las cosas de corazón, aunque frecuentemente exigen que los demás se comporten de la misma manera.

Algunas de las características distintivas del estilo límite son:

  • Necesidad de estar vinculados sentimentalmente a alguien de forma intensa.
  • Sus relaciones se rigen por la pasión, siguiendo la ley del “todo o nada”, siendo este tipo de dicotomías una constante en todos los ámbitos de su vida. Es por ello que sus relaciones fluctúan y son efímeras.
  • En el terreno emocional lo entregan todo de forma activa y esperan ser correspondidos del mismo modo.
  • Son espontáneos, buscadores de riesgo y poseedores de un significado diferente de la diversión.
  • Son muy activos y creativos. Además, tienen una gran capacidad de inducción sobre los demás debido a su gran iniciativa.
  • Su curiosidad les hace poseedores de una inquietud por lo desconocido que les lleva a embarcarse en el conocimiento de nuevas culturas y filosofías de vida.
  • Su búsqueda constante de emociones y de placer hace que disfruten del momento, lo que les impide hacer planes de futuro.
  • Son personas que llegan a tener alrededor a mucha gente que les aprecia, pero ellos no siempre son capaces de detectarlo ya que pare ellos sólo hay una forma de amar, y es plenamente.

A veces, en esta montaña rusa de emociones las personas más cercanas pueden perder su paciencia y hacer la convivencia un tanto difícil. Sin embargo, cuando en vez de estilo pasamos a hablar de trastorno, las cosas se complican más aún, porque todo lo que has leído anteriormente se hace más extremo. El comportamiento sería más problemático tanto para la persona en sí como para su entorno, apareciendo comportamientos autodestructivos e, incluso, ideas de suicidio.

Algunas de las características conductuales más distintivas del TLP son:

  • Impredecibles e inconsistentes.
  • Explosiones inesperadas de impulsividad.
  • Pueden llegar a provocar conflictos y peleas con frecuencia.
  • Automutilación y suicidio.
  • La forma de buscar la atención y el afecto de los demás es extraña, ya que lo hacen manipulando y suscitando el rechazo.
  • Relaciones personales intensas y caóticas.
  • Adaptación social superficial.
  • Predisposición a dar paseos en solitario para reflexionar.
  • Hacen cualquier cosa para que no se separen de ellos.

En cuanto a los aspectos cognitivos, nos encontramos:

  • Pensamientos fluctuantes y actitudes ambivalentes hacia los demás y hacia sí mismo.
  • Dificultad para aprender de experiencias pasadas.
  • Carecen de un sentido estable de quiénes son y pueden tener una imagen extraña de sí mismo.
  • Sensación de vacío.
  • Pensamientos anticipatorios de abandono y temor a la soledad, no soportan estar solos.
  • Objetivos a largo plazo inestables.
  • Temor excesivo a que les desprecien.
  • La percepción que tienen de la gente de su alrededor puede variar desde la idealización a la devaluación.
  • Menor capacidad para procesar la información debido a problemas en la atención.
  • Culpan a los demás cuando las cosas van mal.
  • Frecuentes autorreproches, autocastigos y autocríticas.
  • Pensamiento rígido e impulsivo.
  • Baja tolerancia a la frustración. Se aburren fácilmente.
  • Presencia de distorsiones cognitivas del tipo “me abandonarán”, “siempre estaré solo”, “tengo que protegerme de la gente porque me harán daño”, “si me conocieran realmente no estarían conmigo”, “no soy capaz de controlarme”…
  • Pueden tener episodios micropsicóticos cuando están en situaciones de gran estrés.
  • Presencia de ideación paranoide transitoria, despersonalización, desrealización o síntomas disociativos en situaciones de estrés.

Los aspectos emocionales más frecuentes en el TLP son:

  • Sensibilidad a estímulos emocionales negativos.
  • Inestabilidad afectiva.
  • Emociones contradictorias.
  • Los estados de ánimo contrarios y su equilibrio emocional se encuentran en un tira y afloja constante.
  • Ira intensa, inapropiada y fácilmente desencadenada que implica una pérdida de control emocional, sobre todo cuando se sienten decepcionados.
  • Cuando pierden el control se sienten frustrados o decepcionados.
  • Su estado de ánimo no concuerda con la realidad.
  • Sentimientos de vacío y aburrimiento.
  • Intenso sentimiento de vergüenza, odio e ira dirigida a sí mismos.
  • No manifiestan emociones negativas como el dolor, tristeza, culpa, vergüenza, ansiedad o pánico.

Algunas de las consecuencias que acarrea este trastorno suelen ser constantes conflictos con la pareja, problemas en el trabajo o estudios por sus crisis emocionales, frecuentes pérdidas de trabajo o abandono del estudio, etc. Como diría mi amiga: esto no es moco de pavo.

La película refleja muy bien muchos de todos estos aspectos que he copiado de un libro mencionado. La inestabilidad emocional que mantiene durante toda la película. La pérdida de control, por ejemplo cuando sale de la fiesta de Jaime, el compañero de trabajo de Ana, (he de decir en alguna parte del post que, tanto a mi amiga como a mí, nos encantó escuchar Vetusta Morla, ¡gracias!) se siente decepcionada con él y va dando golpes a las puertas, siendo además otra forma de autolesionarse. Siente vergüenza de sí misma, no se deja ver el cuerpo automutilado, constantemente aparece la idea del suicidio, incluso se deja entrever el presunto suicidio de Absurd_Man, su compañero de chat y confesor. Aparecen varias conductas arriesgadas, como cuando roba o el tipo de relaciones sexuales que mantiene, muy típicas del TLP. Me pareció muy gracioso el hecho de que robase en un chino, fue un puntazo. Salen a relucir sentimientos de vacío, de soledad, de incomprensión, de culpa… La película también contempla la forma que tiene de entregarse a los demás, ella lo da todo y espera ser correspondida de la misma manera, como ocurre, por ejemplo, cuando Ana pide a su amiga del colegio que le acompañe a la boda de su padre después de años y años sin relación. Y un largo, larguísimo etcétera… No prosigo porque esta entrada no pretende ser un análisis ni una crítica de la peli, ¡ni mucho menos!

Hay una última cosa que quiero destacar, de estas cosas que no se dicen pero sí se ven, y que además está en el día a día de todo el mundo, sobre todo si padeces algún tipo de trastorno no-físico. Es cómo han conseguido reflejar en la película el silencio de la enfermedad. Quiero decir que de cara a la galería Ana es una chica amable, cariñosa, adaptada socialmente… Pero de puertas para dentro la vida de Ana es totalmente diferente, y esconde y silencia su enfermedad,  su mayor secreto, cueste lo que cueste porque con la etiqueta por fuera todo el mundo te mira.

Noelia Melgar

Bibliografía

Caballo, V.E. (2009). El trastorno límite de la personalidad, en Manual de trastornos de la personalidad: descripción, evaluación y tratamiento. pp: 137-160, Ed.: Síntesis.

Cerebro y música

Cuando escuchamos música cantamos sus letras, seguimos el ritmo, bailamos, nos sumergimos en su melodía, tarareamos, lo compartimos con los amigos y se nos quedan tan grabadas que, incluso cuando han pasado diez años desde la última vez que escuchaste esa canción, eres capaces de recordar la letra sin apenas esfuerzo… pero nunca nos preguntamos qué ocurre en nuestro cerebro para que podamos realizar todas estas cosas ni de cómo somos capaces de descifrar tanta información (tono, volumen, melodía, timbre…).

Hoy en día, la música es objeto de estudio que nos permite saber más del cerebro, sobre todo se usa para estudiar las emociones del ser humano. Se sabe que no existe un área en el cerebro que sea específico para procesar la música, sino que hay toda una serie de conexiones entre diferentes regiones que se encuentran dentro del cerebro que permiten que podamos entender la música tal y como la entendemos.

Si nos paramos un momento, sería fácil pensar que aquellas estructuras que se encargan de trabajar con el lenguaje también lo hacen para  la música. Esto parece evidente, puesto que hay una cosa muy en común, la palabra. Pero esto no es del todo cierto. El cerebro es muy complejo y está lleno de redes de neuronas, donde unas se conectan con otras y éstas con otras, y estas otras con estructuras y así durante infinitas conexiones. Es por ello que se puede dar una serie de disociaciones, es decir, que se pueden producir ciertas lesiones en el cerebro, provocadas por ejemplo por un ictus, que produzca que la persona dañada perciba todas las canciones iguales. Es decir, que si escuchan una canción de los Beatles y otra de los Rolling Stones  las perciben exactamente iguales en cuanto a melodía o al ritmo. En cambio, pueden leer una partitura sin ningún problema y tampoco tienen problemas para comprender el lenguaje en una conversación. A esto se le llama AMUSIA y, aunque en un principio no parece muy discapacitante en la vida cotidiana – si no eres músico, claro – sí que nos priva de ciertos placeres. También puede ocurrir lo contrario, que la persona perciba correctamente la música pero que tenga problemas en la comprensión del lenguaje o en el habla. A esto se le llama AFASIA. Y estos dos trastornos también se pueden dar en conjunto (amusia + afasia).

Al igual que una canción, como hemos dicho, no es procesada por las mismas estructuras que las palabras durante una conversación, la emoción musical y la estructura musical también se procesan a diferentes niveles y en áreas distintas. Por lo tanto,  nos podemos encontrar personas que, debido a una lesión cerebral, sean incapaces de percibir el tono, el ritmo y la melodía de una canción y, curiosamente, puedan percibir perfectamente la emoción que transmite y, al contrario, que la persona sea incapaz de percibir la emoción que transmite la música pero sí pueda acceder a la estructura de la música.

Es curioso como algo tan banal como unas simples notas puedan influir tanto en nuestras emociones y en nuestro comportamiento, por ejemplo, cuánto más rápido es la música que escuchamos más alegres nos sentimos, más hiperactividad tenemos y por ejemplo, si vamos conduciendo, lo haremos más rápido.

Las investigaciones sostienen que la actividad eléctrica del cerebro es diferente en los hemisferios cerebrales según la emoción que transmita la música clásica. Así, si la emoción percibida es positiva (alegría o felicidad) el lóbulo frontal del hemisferio izquierdo produce señales de mayor amplitud. En cambio, si la emoción percibida es negativa (tristeza o temor) es también el Lóbulo Frontal pero del Hemisferio Derecho quien muestra mayores señales eléctricas.

En particular, las percepciones agradables activan los circuitos del SISTEMA DE RECOMPENSA y son idénticos a los que se dan  ante otro tipo de conductas como son el consumo de drogas, comer chocolate o practicar sexo. ¿Pero qué es un sistema de recompensa? Pues podemos decir que se genera en el cerebro y que se crea un circuito de neuronas, como si de una carretera se tratase, que producen sensaciones intensas de placer y satisfacción. Este circuito incita a grabar y a repetir las experiencias que nos gustan y nos producen placer.

Hay muchas áreas cerebrales que  aumentan o disminuyen su activación en función del placer o displacer que nos produce la música, pero hay tres que son las principales. La INSULA, el HIPOCAMPO y la AMIGDALA.  La ínsula tiene diferentes papeles: el procesamiento del lenguaje,  la percepción del dolor, de la temperatura… y el procesamiento de las emociones como la angustia. El hipocampo tiene un importante papel en nuestra memoria y se ve muy vulnerable a estresores emocionales. Esto explica por qué a veces cuando nos enfrentamos a situaciones muy estresantes, por ejemplo, hablar en público, no conseguimos recordar todo aquello que teníamos que decir. Y la amígdala, que coordina el sistema hormonal y está implicada en reacciones emocionales e interviene en el comportamiento instintivo como la pelea o la huida ante un evento estresante, por lo que nos protege de ciertos peligros; la amígdala es imprescindible para una buena comunicación emocional.

Es por ello que escuchar música que nos resulta agradable hace que disminuya la activación de la amígdala y, al contrario, se activan cuando la música nos alerta en las escenas de suspense. Esto es muy conocido por los directores de cine, los compositores de bandas sonoras y de música publicitaria ya que juegan con estos conocimientos para poner un efecto emocional en nosotros. Además, juegan con otra ventaja, y es que cuando se une lo que oímos con lo que vemos, aumenta considerablemente la actividad del cerebro. Algo que nos pasa a muchos, especialmente cuando vemos películas de miedo es que nos tapamos los oídos para no seguir escuchando, o los ojos para no seguir viendo y así poder disminuir el efecto emocional de angustia y displacer que nos produce.

Ante la música que nos encanta hay momentos en los que podemos llegar a sentir un placer sublime acompañado de unos escalofríos; ésta es una sensación que solemos definir expresando que “nos pone los pelos de punta”. Pero… ¿qué ocurre en ese momento en nuestro cerebro? Se observó que mientras se producían estos escalofríos musicales se producía un cambio en el flujo sanguíneo y, además, se producía una liberación extra de dopamina, que es conocida como la hormona del placer. Además, cuando la canción que escuchamos es nuestra favorita la descarga de dopamina es mucho mayor debido a la anticipación que hacemos del momento que más nos gusta y a la satisfacción que nos produce.

Para acabar, comentar que escuchar música está plagada de beneficios. Algunos de ellos son:

  •   Disminuye la ansiedad y el dolor
  •   Ayuda a la recuperación de enfermos
  •   Aumenta el optimismo y la creatividad
  •   Contribuye a la liberación de hormonas que puede mejorar nuestro estado de ánimo
  •   Es un excelente regulador emocional

Y practicar música también tiene más beneficios a parte de estos, como:

  • La formación musical desde la infancia mejora el funcionamiento del cerebro en la edad adulta porque aumenta el número de conexiones entre las neuronas, aumenta la memoria y la atención y está comprobado que los niños obtienen mejores resultados en la escuela.
  • La estimulación cerebral, ya que tocar demanda muchos recursos cognitivos y esto actúa como una gran capa de protección ante las enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer.

Bibliografía

Jauset, J. A. (2013). Cerebro y música: una pareja saludable. Ed. Círculo Rojo

¿Qué es un traumatismo craneoencefálico?

La palabra traumatismo craneoencefálico siempre me ha sonado bastante mal, para qué engañarnos. De hecho, me parece un tanto impronunciable, de esto así como que se te traban las letras y al final, sale cualquier palabra, cranoncefálico, por ejemplo o si no, vas pronunciando sílaba por sílaba, cra-ne-o-en-ce-fá-li-co. Todo un logro que salga a la primera!

Entrando en materia...

Un traumatismo craneoencefálico -a partir de ahora, TCE, por eso de acortar-  es cualquier golpe en la cabeza que produzca un traumatismo, puede ser un simple golpe en la cabeza y que solo afecte al cuero cabelludo o, por el contrario, ser más grave y que afecte al cráneo y al cerebro. Las causas más frecuentes de los TCE suelen ser los accidentes de tráfico y los deportivos. Otras causas son las caídas aparatosas, agresiones, peleas, accidentes laborales, domésticos, etc.

En España se estima que se producen cada año unos 2.500 casos nuevos de traumatismo craneoencefálico grave. Generan una incidencia de discapacidad grave de 20 casos por millón de habitantes, 40 casos por millón de discapacidad moderada, y una cifra indeterminada de discapacidad leve. El 58% de los traumatismos craneoencefálicos en menores de 25 años se producen como consecuencia de un accidente de tráfico (datos del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, 2011).

Al TCE también se le denomina epidemia silenciosa porque afecta a mucha gente que desconoce que existe un problema. Es decir, cuando por ejemplo tienes un accidente de tráfico leve, donde aparentemente has salido ileso lo más probable es que no le des mucha importancia al suceso. Puedes pensar que has tenido mala suerte y que te has llevado un buen susto, pero eso no te hace pensar que sería bueno ir al médico a hacerte un reconocimiento ya que físicamente te encuentras bien. Sin embargo, puede ser que al cabo de unos meses uno empiece a notar, tanto él como en su entorno, que se te olvidan las cosas o que no eres capaz de concentrarte en el trabajo igual que antes. Probablemente, esta dificultad venga de ese accidente, donde el cerebro pudo haberse lesionado sin que nosotros pudiéramos ser conscientes de ello en el momento.

En casos en los que el traumatismo haya sido muy leve, probablemente la persona sólo padezca un intenso dolor de cabeza e, incluso, puede perder el conocimiento durante un período breve de tiempo. En estos casos suele haber una sacudida del cerebro, pero no hay una lesión interna.

Cuando las lesiones son más graves, además de las secuelas físicas, como pueden ser los problemas de equilibrio, también suceden alteraciones neuropsicológicas, es decir, aquellas secuelas donde están implicados los procesos cognitivos y alteraciones emocionales. Voy a ir describiendo detalladamente cuáles pueden ser este tipo de secuelas.

Tras un TCE podemos observar que:

  1.  Nos cuesta mucho más concentrarnos para hacer una tarea, ya sea leer un libro durante un rato o ver la televisión mientras mantienes una conversación. Prácticamente todas las cosas que hacemos hoy en día requieren de nuestra atención, sin olvidar que también tenemos otras muchas cosas que las hacemos de forma automática. Por lo tanto, si nuestra atención se ve afectada, veremos que nuestro rendimiento en muchas de las tareas de nuestra vida diaria será más bajo que antes y, que además, nos costará más trabajo realizarlas. En casos muy severos el desarrollo de la tarea será prácticamente imposible.
  2.  Nos costará más trabajo planificar actividades y organizarnos en nuestro día a día, sobre todo a aquellas personas que son de agenda apretada. Tendremos más dificultades para llevar a cabo razonamientos complejos. Parecerá que somos más lentos haciendo la tarea debido a que la velocidad de procesamiento disminuye.
  3.  Tras un golpe es muy probable que aparezcan ciertos cuadros de amnesia, que puede ser de varios tipos:
    1. Laguna amnésica o amnesia postraumática: se olvida un intervalo de tiempo, donde se incluye la amnesia retrógrada y la amnesia anterógrada.
    2.  Amnesia retrógrada: es cuando oímos decir a alguien que ha tenido un accidente que sólo recuerda que salió de casa y, que de repente, se despertó y ya se encontraba en el hospital.  Este olvido puede abarcar desde los minutos antes del accidente, que suele ser lo habitual, hasta años atrás, que se suele dar en los casos más graves.
    3. Amnesia anterógrada: es la incapacidad para aprender nuevos conocimientos. La persona que lo padece no consigue grabar en la memoria aquellos acontecimientos y hechos que suceden a su alrededor desde el traumatismo. En un TCE este tipo de amnesia suele ser transitoria, hasta que recupera el funcionamiento de la memoria.
    4. Amnesia postraumática: abarca desde que la persona sufre la lesión hasta que es capaz de recordar todos los sucesos ocurridos en un día, porque puede ser que esta persona pueda recordar a todos los familiares que van a visitarle al hospital, puede vestirse y comer solo, pero al final del día si le dices que te relate lo que ha hecho, no es capaz de recordar quién vino a verle ni qué comió. La duración de la amnesia postraumática es una de las variables más relacionadas con la gravedad y las secuelas del traumatismo.
  4.  El habla también puede verse afectado, de tal forma que la persona puede tener mucha dificultad a la hora de articular palabras, a lo que se le llama disartria. También se puede dar una pérdida de la capacidad de comprensión y/o producción del lenguaje, a lo que se le denomina afasia. De éstas hay muchos tipos y ahora no me entretendré en explicarlas una por una.
  5.  Los TCE también tienen repercusiones a nivel motor, pudiendo lentificarse las respuestas motoras. También puede haber dificultades a nivel práxico, es decir, que la persona tiene problemas para realizar aquellos movimientos aprendidos con un fin, como por ejemplo, saludar, afeitarse, lavarse la cara… la persona sabe lo que tiene que hacer pero no puede ejecutarlo.
  6.  En cuanto a las alteraciones emocionales, nos podemos encontrar que la persona afectada tiene constantes cambios de humor, ansiedad, reacciones excesivas, baja tolerancia a la frustración, apatía, depresión, ausencia de la conciencia de enfermedad y una disminución de la capacidad de autocrítica, entre otras.

Las medidas para evitar traumatismos son muy básicas, sencillas y de lógica pura. Algunas de ellas son:

  1.  Usar el cinturón de seguridad.
  2.  Al viajar en el coche, aegurar a los más pequeños en un asiento de seguridad junto al cinturón de seguridad.
  3.  No conducir bajo los efectos del alcohol o drogas.
  4.  Usar el casco ya se al montar en la bici, motocicleta o en deportes como snow, fútbol americano, hockey, patinaje, montar a caballo, etc.
  5.  Prevenir caídas en el hogar usando una escalera para alcanzar los objetos que se encuentran a lo alto, instalando pasamanos, colocar un seguro en las ventanas para evitar que los niños puedan abrirlas y caerse, etc.
  6.  Practicar ejercicio de forma diaria para mejorar nuestra condición física, el equilibrio y la coordinación.
  7.  Reducir el peligro de tropezar retirando alfombras y cables eléctricos sueltos.
  8.  Usar alfombrillas de ducha para no resbalarse.
  9.  Usar barras de sujeción en el baño.

Bibliografía